Aquella noche, Cami Boni descubrió que incluso los Señores Oscuros de las Pesadillas se vuelven pequeñitos cuando dos corazones se escuchan con amor.
Después de un largo día codificando páginas luminosas y de haberse tomado su chocolatito caliente, Cami Boni se iba a la camita.
Ya llevaba puesto su gorrito para que no se le enredaran las orejitas durante la madrugada.
Se acomodó entre las cobijitas suaves y pensó en su mapachito.
Cada noche, antes de mimir, Cami Boni enviaba una luciérnaga hasta la casita de Alex el Mapachito para que su noche fuera un poquito más luminosa.
Y casi siempre, poco después, otra luciérnaga regresaba desde el bosque para saludar su ventana.
Era un ritual pequeño.
Pero bonito.
Pero esa noche pasó algo distinto.
Cami Boni se quedó dormidita un momentito.
Cuando abrió los ojitos, la hora en que solían cruzarse las luciérnagas ya había pasado.
Miró su ventana.
No había ninguna lucecita esperando.
Su corazoncito sintió un piquetito suave.
No porque dudara del amor de su mapachito —eso lo sabía muy bien—, sino porque una preguntita pequeñita empezó a dar vueltas en su cabecita.
Fue entonces cuando algo se movió en la habitación.
Desde la sombra de su escritorio apareció una criaturita oscura, chiquita como una taza de té, con capa negra, ojitos brillantes y una sonrisa burlona.
Se aclaró la garganta con mucha importancia.
—Yo soy el Señor Oscuro, Rey de las Pesadillas y Amo de las Angustias Nocturnas —anunció con voz grave.
Cami Boni lo miró un momento…
y luego inclinó la cabecita.
—¿Ah sí? —dijo con una sonrisita—. Entonces eres… Oscurito. 🤭
El pequeño ser quedó congelado.
—¡¿Oscurito?! —protestó indignado—. ¡Soy una entidad cósmica del miedo!
Pero ya era demasiado tarde.
Para Cami Boni, definitivamente era Oscurito.
Y esa noche, Oscurito se dedicó a hacer lo que mejor sabía hacer.
Sentarse cerca de Cami Boni
y susurrar dudas.
— Tal vez no deberías decir nada.
— Quizá estás exagerando.
— ¿Y si incomodas a Alex el Mapachito?
— ¿Y si solo haces un problemita de algo chiquito?
Cada vez que Cami Boni pensaba en ir a hablar con Alex el Mapachito, Oscurito hacía sombras enormes en la pared.
Sombras que convertían pensamientos pequeños…
en preocupaciones gigantes.
Cami Boni escuchó las dudas.
Las pensó.
Y luego decidió confiar en algo más fuerte.
Su propio corazón.
Con ese mismo cuidado con que hacía las cosas importantes, primero le dio de cenar a sus chiquitas gatitas —porque los corazones valientes también recuerdan a quienes dependen de ellos— y luego se puso su abriguito.
Tomó a Oscurito con cuidado —que seguía murmurando dramáticamente— y salió de su casita hacia el bosque.
La noche estaba fría.
El camino oscuro.
Y su corazoncito latía un poquito rápido.
—Esto es una pésima idea —murmuraba Oscurito desde su hombro—.
—Una terrible idea.
—Una idea catastróficamente emocional.
Pero Cami Boni siguió caminando.
Porque a veces los corazones valientes no dejan de sentir miedo.
Solo deciden caminar igual.
Cuando llegó a la casita del mapachito, tocó la puerta.
Alex el Mapachito abrió.
Y al verla ahí, con los ojitos húmedos por la angustia del camino, y al pequeño Oscurito sentado en su hombro…
entendió que algo importante estaba pasando.
Cami Boni no reclamó.
No levantó la voz.
Solo le contó lo que pesaba en su corazoncito.
Que a veces ella también quisiera ver esa lucecita en su ventana.
Que no dudaba de su amor.
Solo quería, de vez en cuando, recibir ese pequeño gesto primero.
Alex el Mapachito escuchó con atención.
Y al darse cuenta de que su Cami Boni había salido sola en la noche para decir algo tan delicado, sintió una punzadita de culpa.
—Perdón —dijo suavemente—.
—Debí cuidar mejor esos detallitos.
Y entonces abrazó a su conejita.
Fue justo en ese momento cuando Oscurito empezó a sentirse raro.
Muy raro.
—Ay no… —murmuró—. No me gusta nada esta sensación.
Se agarró la pancita.
—Demasiado… cariño…
—demasiado… amor…
Se encogió un poquito.
—Creo que… me va a dar… plop…
Y puf.
Oscurito desapareció como una sombrita
que ya no tenía de qué alimentarse.
Porque los Señores Oscuros de las Pesadillas pueden crecer muchísimo con la angustia…
pero se vuelven diminutos
cuando dos corazones se encuentran con amor.
Alex el Mapachito tomó la manita de Cami Boni
y la acompañó de regreso a su casita.
Antes de despedirse,
le dio un besito de buenas noches.
Y esa noche, como casi siempre,
dos luciérnagas cruzaron el bosque de Maryland.
Una desde la ventana de Cami Boni.
Y otra desde la casa de Alex el Mapachito.
Brillando suavemente en la oscuridad.
Como hacen las luces
cuando los corazones
se escuchan de verdad. 🩷
✨ Moraleja
A veces las dudas hacen sombras muy grandes en nuestra mente.
Pero cuando hablamos con cariño y nos escuchan de verdad,
hasta los señores oscuros de las pesadillas
se vuelven pequeñitos.